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La Robla - ¡Trato Hecho!

La Robla - ¡Trato Hecho!

 
La robra o robla es una celebración después de cerrada una venta, tras dar la palabra, estrechar la mano para cerrar el trato, hay que cumplir con el antiguo ritual de «la robra». 
 
Todo comenzaba cuando alguien estaba interesado en la compra o venta de una finca, normalmente porque le «lindaba» con una que ya poseía. A través de otra persona o directamente se le hacía llegar al propietario el interés por la adquisición del prado, cortina, quiñón o hasta una casa.
 
Una vez en contacto directo o indirecto este «mandaba» una cantidad sobre el valor de la finca que normalmente era a la baja, no aceptándola el vendedor a la primera, por lo que comenzaba «la porfía», ofreciendo poco uno y pidiendo más el otro hasta llegar a un acuerdo o trato. 

Ocurría lo mismo con el ganado.
 
«Bebiendo la robla» 90×75 cm. Colección particular de Barcelona. Obra del pintor Ricardo Segundo García (Madrid, 1903 – Zamora, 1983). 

 
Los tratantes se pateaban los pueblos para averiguar quién tenía «jatos» o terneras listos para vender y asistían a las ferias de la comarca donde eran muy conocidos.
 
Tratante y vendedor iban informados de los precios antes de «entrar al trato», normalmente el vendedor pedía una cantidad superior a la del mercado, el tratante enumeraba los defectos del animal y «mandaba» una cantidad menor, el vendedor se resistía, etc.  
 

A veces el tratante se marchaba e iba a ver a otros vecinos e iniciar un nuevo trato; el vendedor entre tanto también se informaba de lo que se «mandaba» o pagaba.

El tratante volvía y vuelta al regateo hasta que llegaban a un precio consensuado. 

En ambos casos, tanto en la venta de las fincas como la de los jatos, algunos tratos se complicaban y tenían que echar mano de un tercero de confianza de las partes que «terciaba» en el precio final con el tradicional... «a chocar las manos, y la diferencia a la mitad».

El trato se cerraba con un apretón de manos, es ley, no hacen falta papeles. 

Una vez todos conformes con lo ofrecido y demandado, llegaba el fuerte apretón de manos «de arriba a abajo» y la consabida frase de... ¡Trato hecho! que tenía más validez que un contrato, no había vuelta atrás.

Escritura de venta de una casa en «Riofrío de Tábara». Año 1.895.
Fotografía de JB

Sí se trataba de una finca o una vivienda, días después se hacía una escritura de compraventa privada.
 
En el caso de los tratantes se conocían todos y si alguno faltara a su palabra podía ir dejando el oficio. Sellado el trato el tratante procedía a «marcar» la res cortándole con la tijera parte de las «serdas» o pelo del rabo. 

El deseado final de la operación se celebraba con la robla o «robra», convite a todos los intervinientes en el trato que normalmente pagaba el vendedor en la taberna o bien en su casa y al que siempre se apuntaba algún «gorrón».
 
Consistía en «echar unas jarras» con un poco de pan de hogaza y medio kilo del típico «escabeche».
 
«Sardas de escabeche de barril»

Allí se comentaban las incidencias del trato que ayudados por la tripa llena y la alegría del vino quedaba resuelta cualquier diferencia o suspicacia que se hubiese dado en el acuerdo.
 
Porque... ¡Un trato es un trato!
 
 
Articulo extraido de Riofrio de alaiste 
 
Mi agradecimiento y reconocimiento a Riofrio de Aliste y a Jose Maria Arguedas es Sayago Y Aliste por permitirme difundir este maravilloso documento de nuestras tradiciones, constumbres y arquitectura. 
 
 J.M.S 

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