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Capa de chiva

Capa de chiva

Esta capa parda es el icono indumentario del triángulo que forman Aliste y Carbajales de Alba con la localidad portuguesa de Miranda de Douro. 

Imponente y muy pesada, es fiel reflejo de la industria y el comercio ganadero de la región, básicamente ovino y caprino.
 
Tiene esclavina y capucha o capillo con la chiva, adorno que cuelga desde su vértice central y cae por la espalda, y es denominado así porque se parece a la barba de una cabra o chiva. 

Está confeccionada con paño merino color pardo, grueso y muy pesado, por el que el agua resbala; el tejido es de lana de ovejas “negras”, que, al no necesitar tintura, era la más utilizada en el mundo tradicional. 
 
El adorno consiste en la aplicación de tejidos semejantes o combinados en negro que reproducen dibujos geométricos pespunteados, elaborados con la técnica de “picado” a tijera; también puede incorporar fleco de paño cortado, y como aportaciones de color, las rayas de lana natural color crudo, un ribete o vivo de paño negro en el escote que termina en cintas ataderas o excepcionalmente iniciales de propiedad.

Su uso en esta zona fronteriza, denominada La Raya, es múltiple: de diario, trabajo, ceremonial y procesional. Las tradicionales y famosas procesiones de Semana Santa están íntimamente ligadas a esta prenda, ya que los cofrades la visten a modo de hábito, en la nocturna del miércoles santo en Zamora capital y en la diurna el jueves santo en Aliste.
 
En la capital la Hermandad Penitencial del Santísimo Cristo del Amparo, crucificado, recorre las calles en silencio riguroso, custodiado por los hermanos de capas pardas iluminados con un farol y al ritmo de matracas.
 
En Aliste comienza en la tarde del jueves con una misa en la iglesia de San Mamés, tras la que llevan el Cristo yacente hasta el Calvario; los cofrades visten las capas pardas y procesionan en dos filas, portando el hachón con su vela y los estandartes mientras cantan el Miserere y el Cántico de las Cinco Llagas.
 

Definición de capa 

La voz capa procede del latín medieval cappa, ‘capa’, ‘capa con capucha’, y este del latín tardío cappa, ‘capucha’. 

El Diccionario de la Real Academia la define en su primera acepción como «Prenda de vestir larga y suelta, sin mangas, abierta por delante, que se lleva sobre los hombros encima del vestido».

La capa, más o menos suelta desde los hombros y con diferente amplitud o vuelo, puede tener capilla o capucha, esclavina y maneras (aperturas laterales para sacar las manos), así como distintos cierres, y puede estar confeccionada en diversos materiales (lana, seda...). Su largo ha ido variando con el tiempo, según las modas, su tipología y su función.
 

Historia

Los orígenes de la capa seguramente se remonten a la prehistoria. Desde la antigüedad se sabe que hombres y mujeres han llevado, como prendas de abrigo especialmente, capas y mantos (ambos sin mangas y muy parecidos hasta el siglo XVI). En España, un posible antecedente es el sago de los celtíberos, realizado con lana; pero también el albornoz, con capucha, del norte de África. La época  dorada de la capa fueron los siglos XVII, XVIII y XIX, pero en la actualidad está resurgiendo y marca tendencia. 

A lo largo de la historia se han vestido diferentes modelos de capas: albornoz, almuza, capuz, bohemio, fieltro, capa aguadera, gascona, de villano, de camino, cabriolé, la denominada capa española, parda, etc. Y ha formado parte del uniforme militar, de la indumentaria eclesiástica, del traje taurino, del vestuario del pastor, del cazador, del peregrino, de emperadores y reyes (incluidos los actuales)...
 
Hasta los primeros años del siglo XVI, aunque capa y manto denominaban indistintamente cualquier sobretodo sin mangas, holgado y abierto por delante, comúnmente recibía el nombre de capa si tenía capuchón o capilla, o cuello. En la década de 1530 la capa era una prenda semicircular y con capilla, la cual, en la década siguiente, en el traje cortesano a la española, se confecciona ya aplastada, por lo que era simplemente decorativa; mientras que en el traje de los «hombres del común» continuaba siendo funcional, para proteger la cabeza del frío o de la lluvia (Bernis, 1962).

El largo de la capa fue variando, pero en general, durante el siglo XVI y parte del XVII, no debía tocar el suelo cuando la persona se arrodillaba. En el Libro de Joan de Alcega, primer libro de sastre español, aparece su patrón, en 1580.
 
Durante el siglo XVI, y hasta buena parte del XVIII, la capa fue la principal prendade abrigo que vistieron los hombres. Covarrubias en su Tesoro de la lengua castellana, de 1611, la define como «... vestidura que se pone sobre todas las demás...». 
 

Actualidad de la capa parda 

La capa parda zamorana, en todas sus variedades comarcales, es reconocida como uno de los vestigios del vestir tradicional de mayor singularidad del occidente europeo y las antiguas son consideradas un tesoro textil en peligro de extinción. Protagonista en numerosas publicaciones, ha sido invitada de honor en exposiciones de museos foráneos como La Maison de Víctor Hugo, de París y el Metropolitan Museum of Art de New York, y sigue siéndolo, formando parte de su exposición permanente, en otros del país como el Etnográfico de Castilla y León o el Museo del Traje, de Madrid, donde este mes de enero protagoniza el Modelo del Mes.
 

Entre sus usos ceremoniales está el de la Semana Santa zamorana, declarada Bien de Interés Cultural (BIC) en 2015, y una de las más antiguas (su origen se remonta a 1273) y prestigiosas de España, pero también conocida a nivel internacional. Algunas de sus tradicionales y famosas procesiones están íntimamente ligadas a esta prenda.

La procesión “de las capas pardas”, del Miércoles Santo de Zamora, es una de las más impresionantes. Se debe a la Hermandad de Penitencia del Santísimo Cristo del Amparo, llamada tam bién de las “Capas pardas”, fundada en 1956. Los hermanos visten capa parda como hábito, al igual que en otras procesiones rurales de la Comarca de Alba y Aliste (como la del Santo Entierro de Bercianos de Aliste u otra de Carbajales de Alba, que algunos creen que fue el origen de la zamorana). Sale a las doce de la noche de la iglesia románica de San Claudio, en el barrio de Olivares, y, tras recorrer la ciudad, vuelve a la misma iglesia, donde se entona el Miserere de la tierra de Aliste. Cada año atrae a miles de curiosos para presenciar su paso sobrecogedor por las viejas calles, iluminada por los faroles que portan los cofrades y en silencio riguroso entrecortado por piezas fúnebres interpretadas por un bombardino y un cuarteto de viento, así como por el sonido de las matracas. 
        
La declaración de la Semana Santa de Bercianos de Aliste como BIC incluye la “capa parda alistana de honras y respeto”. Comienza el jueves por la tarde con una misa en la iglesia de San Mamés, tras la que desclavan un crucificado y lo llevan, yacente, en procesión, entonando un popular miserere y el cántico de las Cinco llagas hasta el calvario. Los cofrades visten las capas pardas y procesionan en dos filas,portando el hachón con su vela y los estandartes. Pero es especialmente reconocida la procesión del Viernes Santo o del Santo Entierro, que existe en Bercianos desde el siglo XVI (en la sacristía de San Mamés hay una bula de 1536 que habla de las privilegios de los cofrades de dicha cofradía para esa celebración, ratificada por otra de 1618). Es realizada por la Cofradía de la Cruz o el Santo Cristo, cuyos hermanos visten una mortaja –la función más importante de la cofradía era y es enterrar a los cofrades, y por tanto también a Cristo– y los no cofrades, generalmente, la capa parda o alistana (única vez al año que se usa ahora). Parece ser que todos los pueblos de la zona celebraban de manera similar esta fiesta (Delgado, 1999), pero hoy la pasión y muerte de Cristo en Aliste es única en el mundo.
 
Entre las acciones llevadas a cabo para preservar y promocionar esta emblemática prenda hay que destacar el Día de la Exaltación de la Capa Parda Alistana de Honras y las actividades emprendidas, entre otras, por la Asociación para la promoción y difusión de la capa parda alistana, (Apeca), constituida en 2013 (visitas, homenajes a personas que divulgan la capa, la entrega de la “capa de honor”, a instituciones o personas que destacan en esta labor de defensa y promoción de la cultura zamorana), y por la Asociación Belenista La Morana, que restaura capas antiguas. 

 
 
 

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